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Semana del 29 de Agosto al 4 de Septiembre del 2002
 

Trastienda de la noticia        

por Claudio Campuzano

A todos nos hace falta dinero. Para vivir, para satisfacer nuestros deseos, para reunir fondos para el día en que dejemos de trabajar. La mayor parte de nosotros se tiene que ganar ese dinero, poco o mucho, con el trabajo, más o menos duro.

Pero no Yasser Arafat, el presidente de la Autoridad Palestina.

Hace un par de semanas el jefe de la inteligencia militar israelí, el teniente general Aharon Zeevi, dijo, en base a documentos financieros confiscados en el curso del año en el cuartel general de Arafat en Ramallah, y en otras oficinas de la Autoridad Palestina en la Cisjordania, que el mandamás palestino ha amasado un fortuna personal de más de 1.300 millones de dólares.

Un funcionario israelí dijo que se cree que la cifra que ellos han podido documentar es sólo una parte de un total mucho mayor. En 1994 la inteligencia británica aseveró que la fortuna de Arafat andaba por los 10.000 millones, con fondos depositados en bancos e inversiones en propiedades por toda Europa, los países árabes, el Lejano Oriente y aun Estados Unidos. Más aún, que para su propia protección Arafat había enriquecido a algunos de sus más íntimos secuaces, tales como Abu Ala, Abu Mazen y Nabilk Shaath.

Suha, la esposa de Arafat que vive lujosamente en París con la hija de ambos, es quien se dice controla parte de los bienes, pero el gurú financiero de la fortuna personal de Arafat es Mohammed Rashid, un kurdo cuya lealtad al jefe palestino es de larga data.

Fueron muchos los que descartaron todo esto como un intento más de los israelíes de desacreditar a Arafat. Pero una semana después, Jawad Ghussein, que fue el tesorero de Arafat con el título de secretario general del Fondo Nacional Palestino desde 1984 hasta 1996, dijo que, a partir de 1993, cada mes transfería a la cuenta personal del líder palestino ocho millones de dólares de los fondos provenientes de países árabes, Europa, Estados Unidos y Japón para la construcción de infraestructura, educación y alimentos para los palestinos, lo que entre 1993 y 2000 totalizó 6.000 millones de dólares. Si bien esta ayuda disminuyó con motivo del levantamiento de los palestinos, continúa al nivel de 10 millones de dólares mensuales.

Rectangular Callout: ¿Hasta este año se dieron cuenta los superpagados funcionarios de nuestros paises que algo andaba mal? ¿O estaban demasiado entretenidos viviendo la "dolce vita"?
El ex tesorero de Arafat dice que, luego de advertirles a algunos de los contribuyentes de lo que estaba ocurriendo, renunció a su cargo en 1996 cuando los países contribuyentes comenzaron a hacerle preguntas sobre el destino dado a los fondos.

"Los países donantes comenzaron a presionarme y a hacer preguntas acerca del dinero que había desaparecido, y no podía darles respuesta", dice Ghussein.

Cuenta su hijo Tawfiq --que tiene la intención de ser candidato en oposición a Arafat en las elecciones que se supone tendrán lugar en enero-- que luego Ghussein fue capturado varias veces por la Autoridad Palestina. Una de ellas fue en abril del año pasado, cuando asistía a una boda en los Emiratos Arabes Unidos.

En octubre fue autorizado a viajar a El Cairo para tratamiento médico por un cáncer de hígado, pero fue capturado nuevamente y retornado a la Franja de Gaza. Detenido luego por la Organización para la Liberación de Palestina, fue acusado de desfalco, y estuvo desde entonces sometido a arresto domiciliario. Gracias a la mediación de las Naciones Unidas y de asociaciones de derechos humanos, Ghussein logró recientemente que se lo autorizase a procurar atención médica en Jerusalén Oriental. Fue desde allí que consiguió huir a Jordania con la ayuda de Israel, y llegó a Londres la semana pasada.

El ministro de Información palestino, Yaser Abed Rabbo, dice que el verdadero "ladrón" es Ghussein, quien nunca devolvió un préstamo que recibió de 6,5 millones de dólares que le hizo en 1961 la OLP. Pero, si esto fuese así, no hace sino mostrar que los fondos recibidos para apoyar la causa del pueblo palestino --en aquel entonces no existía aún la Autoridad Palestina, así que los países árabes donaban fondos a la OLP-- eran ya utilizados para fines que no tenían nada que ver con los que supuestamente tenía.

El propio Arafat se vio obligado a admitir el año pasado a los donantes internacionales que millones de dólares de la ayuda recibida por la Autoridad Palestina para obras sociales habían sido desviados a fines que no tenían nada que ver con ello.

Auditoras externas de los países donantes habían llegado a la conclusión de que había una gran desequilibrio entre el monto de los fondos recibidos de donantes extranjeros por la Autoridad Palestina y la suma de sus gastos operacionales públicamente declarados y el valor de las obras realizadas para mejorar la situación del pueblo palestino.

La cuestión ha llegado a un punto tal que se ha formado una comisión para analizar la utilización de fondos por la Autoridad Palestina, comisión integrada por Estados Unidos, la Unión Europea y las Naciones Unidas, y que también incluye a representantes del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, Noruega y Japón. Han formado siete subcomisiones para supervisar las reformas en diferentes áreas de la Autoridad Palestina y proporcionar asesoramiento acerca de cómo llevarlas a cabo. Pero es tal la maraña operacional que han hallado en la contabilidad Palestina que, luego de varios meses de reuniones con funcionarios de Arafat, aún no han conseguido entender de ella lo suficiente como para poder dar algún consejo.